Historias de
dinero
De
peso universal
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En
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los primeros años de la conquista, el real fue
la base del sistema monetario español en ultramar, hasta que en 1537 un decreto
avaló que la Casa Real de Moneda de la Ciudad de México acuñara el real de a
ocho. La moneda creada sólo para el comercio interno de Nueva España, con el
paso del tiempo dominó la escena mundial.
La
unidad novohispana poco a poco suplantó las formas mercantiles que operaban
localmente. Por otra parte, la compleja diversidad de sistemas de la época fue
barrida por el real de a ocho, cuyo valor intrínseco de 27 gramos de plata aumentó
su presencia en los intercambios. Los mercaderes hispanos comenzaron a embarcar
sus monedas en los galeones que surcaban el Pacífico y los chinos las aceptaron
gustosos a cambio de sus productos.
El
nuevo real tejía ya el mercado mundial, desplazando a los maravedíes, ducados y
denarios de Occidente, a la piastra de Oriente, y siendo legal en las Antillas,
España y Sudamérica. Para el siglo xvii
era una realidad cotidiana. Después, las leyes del mercado condicionaron su
presencia: un resello de punzón los diferenció en China y Brasil, en Inglaterra
le asignaron valores particulares y en Estados Unidos respaldó la moneda local al
triunfo de su independencia, además de que fue legal hasta 1857.
Su
aceptación como medio universal de pagos duró hasta el siglo xix, cuando aún circulaban las piezas de
la Colonia junto a las que, desde el triunfo de la independencia, habían
sustituido en sus caras las marcas de la Corona por el escudo nacional. Todo un
hito en la historia del comercio mexicano y mundial.
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