El legado de las
letras
Tesoros
bibliográficos de Nueva España
S
|
abido
es que la llegada de los españoles a América a principios del siglo xvi trajo consigo una estela de nuevas
costumbres que con el correr del tiempo se fusionaron con las tradiciones locales,
redefiniendo el entorno de una sociedad tan diversa y asimétrica como rica
culturalmente. De cada evento acontecido en el corazón de la naciente Nueva
España, surgió la imperiosa necesidad de registrar su historia.
A
instancias del virrey Antonio de Mendoza y el obispo Juan de Zumárraga, el
impresor alemán Juan Cromberger envió a la capital novohispana la primera imprenta
que existiría en el lugar, como consta en documento auténtico, pero que
desafortunadamente no da fecha ni algún otro pormenor del suceso. Así, la llegada
de la rotativa a estos lares fue de gran utilidad para plasmar en libros y
pliegos diversos lo ocurrido entonces, que tiempo después formaría parte
fundamental de la historia del Nuevo Mundo.
Con
base en la obra Bibliografía mexicana del
siglo xvi, de Joaquín García
Icazbalceta (editado en 1886 por Librería de Andrade y Morales, Sucesores /
Imprenta de Francisco Díaz de León), podemos decir que la imprenta llegó a
México en la década de 1530, que tuvo por primera ocupación la impresión de
cartillas o de trabajos pequeños urgentes, y que de las prensas de aquel
aparatoso artefacto salió la Escala, que podría ser considerada la primera obra
impresa en Nueva España.
Se
considera que el primer impresor en la región fue el célebre Juan Pablos. En
cuanto a las sedes, se tiene registro de que en abril de 1540 estaba en
operación la imprenta en la Casa de las Campanas, del obispo Zumárraga,
ocupando la esquina de las calles de Moneda y cerrada de Santa Teresa la
Antigua, frente al costado del que fuera el Palacio Arzobispal.
Según la versión de
Icazbalceta, “a un obispo se debió, sino en todo en mucha parte, la venida de
las primeras prensas: prelados y religiosos se obligaron a sostenerlas, y las
Órdenes les dieron continuo alimento con el tesoro de sus obras en lenguas
indígenas, tan estimadas hoy en el mundo entero. Nuestra primitiva Iglesia
puede, pues, gloriarse de haber introducido y fomentado en el Nuevo Mundo el maravilloso
arte de la imprenta”.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Y por cierto, me es muy importante tu opinión...